Tuesday, September 23, 2008

La conexión entre nuestra alimentación y el cáncer de seno.


La conexión entre nuestra alimentación, las grasas y el cáncer de seno.


El cáncer y las grasas alimentarias Los primeros estudios demostraron claramente que los ratones y las ratas que se habían alimentado con dietas ricas en grasas eran mucho más propensos al cáncer de piel y de mama que los animales alimentados con dietas de bajo contenido de grasas (Tannenbaum y Silverstone, 1953; Tannenbaum, 1959).


No se prestó mucha atención a estos estudios hasta que los datos epidemiológicos demostraron que la incidencia de determinados tipos de cáncer era mucho mayor en los países con alimentación rica en grasas que en aquéllos con alimentación de bajo contenido de grasas (Carroll, 1975; Carroll y Khor, 1975).


A partir de entonces, muchos datos experimentales han mostrado que alimentando a las ratas o ratones con alimentos ricos en grasas aumenta la propensión al cáncer de mama, piel, colon, páncreas y próstata.


En estos estudios se utilizaron varios carcinógenos para inducir cáncer o, en algunos casos, tumores espontáneos.


Muchas de las pruebas que relacionan la alimentación con el cáncer se han presentado y debatido en trabajos recientes.


Grasas alimentarias y cáncer mamario y de colon.

Datos epidemiológicos.

El cáncer mamario y el de colon abarcan una gran proporción del total de cánceres de las poblaciones occidentales.

En ambos se observa una fuerte correlación positiva con el consumo de grasas en los estudios comparativos entre países.

Los estudios de las tendencias a largo tiempo y de las migraciones concuerdan con estos modelos. Sin embargo, en el Japón, al aumentar el consumo de grasas el cáncer de colon ha aumentado más rápidamente que el cáncer mamario.


Experimentos con animales Los estudios realizados con animales de experimentación han mostrado de forma bastante coherente que los regímenes alimentarios ricos en grasas elevan la incidencia y la producción de los cánceres de mama y de colon (National Research Council, 1982, 1989; Welsch, 1992).

El efecto parece encontrarse en primer lugar en el estado de favorecimiento de la carcinogénesis (Carroll, 1975), aunque puede influir en cierto grado en la iniciación (Rogers y Lee, 1986). Se tiene cada vez más datos de que las dietas ricas en fibra, frutas y verduras reducen el riesgo de cáncer en los seres humanos (National Research Council, 1982, 1989; Ziegler, 1989; Block, Patterson y Subar, 1992; Sandler et al., 1993; Hunter et al., 1993).




Las mujeres que después de la menopausia coman alimentos derivados de las plantas, reducirán el riesgo de padecer cáncer de mama, según un nuevo estudio científico.


Dice la doctora Francoise Clavel-Chapelon “Cumplir con las guías alimentarias generales para tener una dieta saludable y equilibrada, es decir, con grandes cantidades y variedades de frutas, vegetales y cereales integrales a diario (todos esos alimentos son ricos en lignanos), ayudaría a prevenir el cáncer de pecho en las mujeres posmenopáusicas”.


El Instituto Nacional de salud e Investigación Médica en Villejuif, Francia, dirigido por Clavel-Chapelon, hizo una evaluación teniendo en cuenta la cantidad de alimentos de este tipo consumidos por 58.049 mujeres en diferentes proporciones, y los resultados fueron positivos.


El estudio arrojó que se redujo el riesgo de contraer cáncer mamario en el 17 % de las mujeres, comparadas con las que menos frutas, vegetales y cereales consumieron durante un período de 7.7 años.

Esto demuestra que el consumo controlado de alimentos, puede ser tomado como un modo de prevención para las mujeres, ante el cáncer de mama.



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